Para finalizar con este
proyecto que comencé hace hoy 37 días, he querido recopilar un pequeño
fragmento de la Exhortación Apostólica Evangelii
Gaudium (El gozo del Evangelio)
del Papa Francisco. En ella, el Santo Padre ha dedicado 5 artículos, del 122 al
126, a la fuerza evangelizadora de la piedad popular. Espero que estas palabras
del Santo Padre os permitan reflexionar y preparar la Semana Santa que comenzará
en apenas un par de días.
El Papa Francisco y la religiosidad popular
122. Del mismo modo, podemos pensar que los distintos pueblos
en los que ha sido inculturado el Evangelio son sujetos colectivos activos,
agentes de la evangelización. Esto es así porque cada pueblo es el creador de
su cultura y el protagonista de su historia. La cultura es algo dinámico, que
un pueblo recrea permanentemente, y cada generación le transmite a la siguiente
un sistema de actitudes ante las distintas situaciones existenciales, que ésta
debe reformular frente a sus propios desafíos. El ser humano «es al mismo
tiempo hijo y padre de la cultura a la que pertenece». Cuando en un pueblo se
ha inculturado el Evangelio, en su proceso de transmisión cultural también
transmite la fe de maneras siempre nuevas; de aquí la importancia de la
evangelización entendida como inculturación. Cada porción del Pueblo de Dios,
al traducir en su vida el don de Dios según su genio propio, da testimonio de
la fe recibida y la enriquece con nuevas expresiones que son elocuentes. Puede
decirse que «el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo». Aquí toma
importancia la piedad popular, verdadera expresión de la acción misionera
espontánea del Pueblo de Dios. Se trata de una realidad en permanente
desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal.
123. En la piedad popular puede percibirse el modo en que la
fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo. En algún tiempo
mirada con desconfianza, ha sido objeto de revalorización en las décadas
posteriores al Concilio. Fue Pablo VI en su Exhortación apostólica Evangelii
Nuntiandi quien dio un impulso decisivo en ese sentido. Allí explica que la
piedad popular «refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos
pueden conocer» y que «hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el
heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe». Más cerca de nuestros días,
Benedicto XVI, en América Latina, señaló que se trata de un «precioso tesoro de
la Iglesia católica» y que en ella «aparece el alma de los pueblos
latinoamericanos».
124. En el Documento de Aparecida se describen las riquezas
que el Espíritu Santo despliega en la piedad popular con su iniciativa
gratuita. En ese amado continente, donde gran cantidad de cristianos expresan
su fe a través de la piedad popular, los Obispos la llaman también
«espiritualidad popular» o «mística popular». Se trata de una verdadera
«espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos». No está vacía de
contenidos, sino que los descubre y expresa más por la vía simbólica que por el
uso de la razón instrumental, y en el acto de fe se acentúa más el credere in
Deum que el credere Deum. Es «una manera legítima de vivir la fe, un modo de
sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros»; conlleva la
gracia de la misionariedad, del salir de sí y del peregrinar: «El caminar
juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad
popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un
gesto evangelizador». ¡No coartemos ni pretendamos controlar esa fuerza
misionera!
125. Para entender esta realidad hace falta acercarse a ella
con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Sólo desde la
connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal
presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres.
Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se
aferran a un rosario aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en
tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde
hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo
crucificado. Quien ama al santo Pueblo fiel de Dios no puede ver estas acciones
sólo como una búsqueda natural de la divinidad. Son la manifestación de una
vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en
nuestros corazones (cf. Rm 5,5).
126. En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio
inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos
menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos
llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de
inculturación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad
popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar
teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar
la nueva evangelización.
Me gustaría agradecer
a Gabriel León por haberme cedido un espacio en su blog para poder desarrollar
el proyecto. A Clara Eugenia, María Luisa y Elena por vuestros comentarios
constructivos. A Rafael Rodríguez por las tertulias que hemos tenido derivadas
de los artículos y por supuesto a todos vosotros por haber sido fieles
seguidores de la sección.
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