¡Cómo han cambiado las cosas!
Hace
unos días pude comprobar como un señor de edad avanzada le explicaba a un
joven, que podía ser su nieto, como el mundo de la Semana Santa, en general, y
en concreto el de los hermanos Costaleros había evolucionado considerablemente
en los últimos años.
El
inicio de esta conversación evocó en mí una sensación de déjà vu. Pensé que aquel señor le iba a contar al joven aquello que
todos hemos escuchado en incontables ocasiones. (…) había pocas Hermandades que
contasen con hermanos Costaleros (…) apenas había relevos (…) supuso un nuevo
impulso para las Hermandades ya que podían dedicar los recursos a otros fines
(…) ayudábamos a todas las Hermandades que lo pedían (…). Sin embargo, el señor
le planteó al joven la conversación desde un punto de vista novedoso, que
pienso que no va a dejar a nadie indiferente.
“Cuando nosotros comenzamos a ser
hermanos costaleros teníamos muy claro que aquellos que pertenecían al paso de
Cristo, la imagen que portaban sobre su cuello era una representación de Jesucristo,
verdadero Dios, que estaba presente en el Sagrario. Además, aquellos que eran
costaleros del paso de la Virgen eran conocedores de que portaban sobre su
cerviz al primer Sagrario que contuvo al Señor y por tanto, aunque de forma
indirecta, a Él mismo. Todo ello derivaba en un amor profundo y respeto por
Jesucristo Nuestro Señor, presente en el Santísimo Sacramento del Altar, y a su
bendita Madre. Para nosotros era inconcebible llegar a la Iglesia y rezarle a
las imágenes de nuestros Titulares sin pasar antes a visitar el Sagrario donde
verdaderamente está presente el Señor.
Por tanto, te podrás explicar que a
nosotros no nos importara que no hubiera relevos, ni que tuviéramos que ir a
ayudar a otras Hermandades. Todos teníamos grabado en el corazón que cuando
Adán y Eva ofendieron a Dios en el Paraíso, ofendieron a un ser infinito, de
forma que ningún ser humano podría reparar la ofensa. La acción Redentora
realizada por Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios, con su Pasión, Muerte y
Resurrección, reparó la ofensa realizada por los humanos en el pecado original
y nos reconcilió con Dios. Con nuestro trabajo debajo de los pasos, nosotros nos
sentíamos un poco más cerca de Cristo, al compartir sus sufrimientos. En
nuestras vidas diarias este sentimiento hacía que nos sintiéramos costaleros
todos los días del año.
Todo esto cambió con la generación de
tus padres, los cuales llegaron a las Hermandades y por tanto a las cuadrillas
de hermanos costaleros, con nuevas ideas que distaban diametralmente de las que
teníamos los que llevábamos algún tiempo allí. Para ellos era mucho más
importante el culto a las imágenes que el culto al verdadero Dios presente en
la Eucaristía. Se comenzó a dedicar mucho más tiempo a la preparación de la
Estación de Penitencia que a la realización de cultos y muchos de ellos
comenzaron a decir que eran hermanos de una Hermandad porque le gustaba una
imagen, porque el paso andaba de una forma concreta o porque la Hermandad había
contratado una banda de cierta ciudad. En ningún momento pensaban en sus
sentimientos hacia Cristo o en la vida cristiana de la Hermandad.
Lamentablemente, algunos de los
jóvenes de tu generación han dado un paso más hacia la laicidad de las
Hermandades. Para ellos lo más importante es el culto a sí mismos. Todo lo
relacionado con la Iglesia les da absolutamente lo mismo, no acuden a los
cultos de la Hermandad y mucho menos a los Oficios de Semana Santa y la última
vez que recibieron el Sacramento de la Reconciliación fue pocos días antes de
recibir la Primera Comunión. Muchos de ellos se ponen un costal y una faja por
el mero hecho de obtener popularidad entre amigos y familiares.
No quiero que te quedes con lo
negativo de esta reflexión. Todo tiene su importancia dentro de las
Hermandades. Además, el amor a Dios está dentro de nuestros corazones, desde el
día que recibimos el Bautismo. Entre todos podemos conseguir que la vida dentro
de nuestras Hermandades sea un poco más cercana a Jesucristo Nuestro Señor y a
su bendita Madre.”
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