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#LATERTULIADEJOSÉ ....... VOL VI

¡Cómo han cambiado las cosas!

Hace unos días pude comprobar como un señor de edad avanzada le explicaba a un joven, que podía ser su nieto, como el mundo de la Semana Santa, en general, y en concreto el de los hermanos Costaleros había evolucionado considerablemente en los últimos años.

El inicio de esta conversación evocó en mí una sensación de déjà vu. Pensé que aquel señor le iba a contar al joven aquello que todos hemos escuchado en incontables ocasiones. (…) había pocas Hermandades que contasen con hermanos Costaleros (…) apenas había relevos (…) supuso un nuevo impulso para las Hermandades ya que podían dedicar los recursos a otros fines (…) ayudábamos a todas las Hermandades que lo pedían (…). Sin embargo, el señor le planteó al joven la conversación desde un punto de vista novedoso, que pienso que no va a dejar a nadie indiferente.

“Cuando nosotros comenzamos a ser hermanos costaleros teníamos muy claro que aquellos que pertenecían al paso de Cristo, la imagen que portaban sobre su cuello era una representación de Jesucristo, verdadero Dios, que estaba presente en el Sagrario. Además, aquellos que eran costaleros del paso de la Virgen eran conocedores de que portaban sobre su cerviz al primer Sagrario que contuvo al Señor y por tanto, aunque de forma indirecta, a Él mismo. Todo ello derivaba en un amor profundo y respeto por Jesucristo Nuestro Señor, presente en el Santísimo Sacramento del Altar, y a su bendita Madre. Para nosotros era inconcebible llegar a la Iglesia y rezarle a las imágenes de nuestros Titulares sin pasar antes a visitar el Sagrario donde verdaderamente está presente el Señor.

Por tanto, te podrás explicar que a nosotros no nos importara que no hubiera relevos, ni que tuviéramos que ir a ayudar a otras Hermandades. Todos teníamos grabado en el corazón que cuando Adán y Eva ofendieron a Dios en el Paraíso, ofendieron a un ser infinito, de forma que ningún ser humano podría reparar la ofensa. La acción Redentora realizada por Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios, con su Pasión, Muerte y Resurrección, reparó la ofensa realizada por los humanos en el pecado original y nos reconcilió con Dios. Con nuestro trabajo debajo de los pasos, nosotros nos sentíamos un poco más cerca de Cristo, al compartir sus sufrimientos. En nuestras vidas diarias este sentimiento hacía que nos sintiéramos costaleros todos los días del año.
Todo esto cambió con la generación de tus padres, los cuales llegaron a las Hermandades y por tanto a las cuadrillas de hermanos costaleros, con nuevas ideas que distaban diametralmente de las que teníamos los que llevábamos algún tiempo allí. Para ellos era mucho más importante el culto a las imágenes que el culto al verdadero Dios presente en la Eucaristía. Se comenzó a dedicar mucho más tiempo a la preparación de la Estación de Penitencia que a la realización de cultos y muchos de ellos comenzaron a decir que eran hermanos de una Hermandad porque le gustaba una imagen, porque el paso andaba de una forma concreta o porque la Hermandad había contratado una banda de cierta ciudad. En ningún momento pensaban en sus sentimientos hacia Cristo o en la vida cristiana de la Hermandad.
Lamentablemente, algunos de los jóvenes de tu generación han dado un paso más hacia la laicidad de las Hermandades. Para ellos lo más importante es el culto a sí mismos. Todo lo relacionado con la Iglesia les da absolutamente lo mismo, no acuden a los cultos de la Hermandad y mucho menos a los Oficios de Semana Santa y la última vez que recibieron el Sacramento de la Reconciliación fue pocos días antes de recibir la Primera Comunión. Muchos de ellos se ponen un costal y una faja por el mero hecho de obtener popularidad entre amigos y familiares.

No quiero que te quedes con lo negativo de esta reflexión. Todo tiene su importancia dentro de las Hermandades. Además, el amor a Dios está dentro de nuestros corazones, desde el día que recibimos el Bautismo. Entre todos podemos conseguir que la vida dentro de nuestras Hermandades sea un poco más cercana a Jesucristo Nuestro Señor y a su bendita Madre.”

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